La ciudad de Girona se revela desde los puentes que atraviesan el Onyar: a un lado se alinean fachadas estrechas pintadas en tonos ocres, amarillos y rojizos, y, por detrás sobresalen la catedral y el campanario de Sant Feliu, levantados sobre la parte más antigua. La imagen cambia al cruzar el río, con las calles comerciales del Mercadal dejando paso a escaleras, pasadizos y pavimentos de piedra que ascienden hacia las murallas. En pocos minutos, la ciudad cotidiana se transforma en un escenario profundamente medieval.
Su origen se encuentra en la Gerunda romana, fundada en un punto estratégico de la vía Augusta. Durante la Edad Media, Girona creció alrededor de la catedral, los burgos religiosos y una importante comunidad judía. Los numerosos asedios sufridos a lo largo de los siglos reforzaron sus murallas y baluartes, hasta convertirla en una plaza defensiva esencial. El casco histórico conserva hoy una extraordinaria superposición de restos romanos, arquitectura románica, edificios góticos y transformaciones barrocas adaptadas a un relieve de pronunciadas pendientes.

En este artículo, vamos a descubrir qué ver en Girona desde las casas del Onyar hasta la escalinata de la catedral. En nuestro itinerario recorreremos el Call, entraremos en los Baños Árabes y seguiremos el camino de ronda sobre la muralla. También conoceremos Sant Pere de Galligants, los principales museos y los espacios urbanos de la Rambla y el Mercadal.
Las casas del Onyar, los puentes y la Rambla

Las casas del Onyar forman la estampa más reconocible de Girona, con fachadas que se levantan directamente sobre el río y crean una composición irregular de balcones, galerías y colores, que se reflejan en el agua. La imagen actual responde a numerosas reformas y a una gama cromática cuidadosamente ordenada durante el siglo XX. Entre los edificios destaca la Casa Masó, vivienda natal del arquitecto Rafael Masó y uno de los pocos interiores visitables de esta fachada fluvial, generalmente mediante recorridos organizados y reserva previa.
Varios puentes permiten comparar perspectivas: el puente de les Peixateries Velles, conocido como puente de Eiffel por la empresa responsable de su estructura metálica, está hecho con celosías rojizas y dispone de una vista directa hacia la catedral, el puente de Pedra conecta sectores comerciales, mientras el de Sant Feliu conduce hacia la basílica y el casco antiguo.
La Rambla de la Llibertat discurre paralela al Onyar bajo soportales y fachadas históricas, con terrazas, comercios y puestos florales que animan un paseo nacido sobre el espacio de la antigua muralla. En las proximidades se encuentran la plaza del Vi, presidida por el Ayuntamiento, y pequeñas calles que ascienden hacia la Força Vella.
La catedral, Sant Feliu y los Baños Árabes

La catedral de Santa María domina la parte alta mediante una gran escalinata barroca. El edificio reúne etapas que van desde el románico hasta el siglo XVIII, pero su elemento más sorprendente es la inmensa nave gótica, cubierta por una única bóveda de casi veintitrés metros de anchura. El espacio interior resulta diáfano y solemne, reforzado por la altura de las capillas y las vidrieras. La fachada barroca y las esculturas exteriores completan una llegada concebida como una auténtica representación urbana.
El claustro románico conserva los capiteles decorados con escenas bíblicas, animales y motivos vegetales, y, en el museo catedralicio se expone el Tapiz de la Creación, una extraordinaria pieza bordada de época románica que representa episodios del Génesis y una compleja visión del mundo. También destaca el Beato de Girona, manuscrito iluminado del siglo X.
La basílica de Sant Feliu fue la principal iglesia de la ciudad antes de la construcción de la catedral gótica. Su campanario de apariencia fortificada forma una parte esencial del perfil de Girona, mientras el interior conserva sarcófagos romanos y paleocristianos. Muy cerca se encuentran los llamados Baños Árabes, una construcción románica del siglo XII inspirada en modelos termales antiguos y musulmanes.
El Call, el Museo de Historia de los Judíos y la Força Vella
El Call de Girona se extiende alrededor de la calle de la Força mediante una red de callejones, patios y escaleras. La comunidad judía desempeñó un papel destacado en la vida económica e intelectual de la ciudad medieval hasta su expulsión en 1492. Este barrio conserva especialmente bien su trama urbana, aunque muchos edificios fueron transformados posteriormente. Para conocerlo conviene apartarse de la vía principal y explorar pasos como las calles de Cúndaro, Sant Llorenç y Manuel Cúndaro.

El museo de Historia de los Judíos ocupa un inmueble que se relaciona con la última sinagoga de Girona. Sus salas explican la vida familiar, las festividades, los oficios, las comunidades catalanas y el legado de figuras como Moshe ben Nahman, conocido como Nahmánides. El patio interior y las dependencias del centro permiten imaginar la densidad de un sector donde viviendas, talleres y espacios comunitarios compartían un terreno muy limitado.
La calle de la Força sigue aproximadamente el eje principal de la antigua Gerunda romana. Algunos tramos de muralla y restos arqueológicos permiten reconocer aquel primer recinto, posteriormente absorbido por ampliaciones medievales. En la plaza dels Apòstols, junto a la catedral, se abren perspectivas hacia el palacio Episcopal, sede del Museo de Arte.
La muralla, los jardines y las vistas de Girona
El paseo de la Muralla permite recorrer una parte importante de las defensas orientales de Girona, ya que, aunque algunos lienzos tienen origen romano, el conjunto fue ampliado y reconstruido durante la Edad Media y la Edad Moderna. El camino de ronda atraviesa torres y plataformas desde las que se contemplan los tejados del Barri Vell, la catedral, Sant Feliu y las montañas del entorno.
Uno de los accesos más agradables se encuentra cerca de los jardines de la Francesa, detrás de la catedral. Desde allí puede seguirse la muralla hacia la torre Gironella y los jardines de los Alemanes, establecidos sobre antiguos cuarteles. Más al sur aparecen otros miradores y torres, antes de descender hacia la plaza de Catalunya.

Fuera de la muralla se extiende el valle de Sant Daniel, un entorno de caminos, fuentes, bosques y antiguas masías que comienza muy cerca del casco histórico. El monasterio de Sant Daniel constituye su principal referencia monumental y conserva una comunidad religiosa de larga tradición. Los itinerarios pueden prolongarse hacia zonas elevadas como las Pedreres, desde donde se obtienen nuevas panorámicas de la zona.
Sant Pere de Galligants, los museos y el Mercadal
El antiguo monasterio de Sant Pere de Galligants forma, junto a la capilla de Sant Nicolau, uno de los conjuntos románicos más importantes de Girona. La iglesia presenta una robusta arquitectura de piedra y un campanario octogonal, mientras el claustro conserva capiteles con decoración vegetal, animal y humana. Actualmente alberga la sede gerundense del museo de Arqueología de Cataluña, cuyas colecciones recorren la Prehistoria, el mundo ibérico, la romanización y la etapa medieval mediante materiales hallados en la provincia.
El museo de Arte ocupa el antiguo palacio Episcopal, junto a la catedral, y reúne obras que abarcan desde el románico hasta comienzos del siglo XX, con retablos, esculturas y piezas litúrgicas que permiten seguir la evolución artística del territorio. En la parte baja de la ciudad, el museo del Cine presenta la colección Tomàs Mallol y explica los antecedentes técnicos de la cinematografía.
El barrio del Mercadal se extiende en la orilla izquierda del Onyar y ofrece una topografía mucho más llana. Allí se encuentra la iglesia de Santa Susanna, cerca de la plaza de la Independència, y la antigua fábrica Grober, integrada en la transformación industrial de este sector. Se trata de un lugar perfecto para terminar la visita histórica, para regresar gradualmente desde los monasterios y murallas hacia la Girona actual, descubriendo una ciudad universitaria, gastronómica y culturalmente activa durante todo el año.
Besalú y otros lugares que visitar cerca de Girona

La localidad de Besalú conserva uno de los conjuntos medievales más conocidos de Cataluña. Su puente fortificado cruza el río Fluvià mediante varios arcos adaptados a la roca y conduce hacia un núcleo de plazas, iglesias y callejones de piedra. La localidad mantiene restos de su antigua comunidad judía, entre ellos un excepcional micvé utilizado para baños rituales. Sant Pere, Sant Vicenç y la antigua canónica de Santa Maria completan un recorrido que puede realizarse en una jornada desde Girona.
El lago de Banyoles ofrece una excursión centrada en el paisaje y las actividades al aire libre. Un sendero rodea sus orillas entre bosques, miradores, pesqueras tradicionales y zonas húmedas de gran valor ecológico. Cerca puede visitarse el parque neolítico de la Draga, relacionado con un asentamiento prehistórico excepcionalmente conservado. Otra alternativa es explorar los pueblos medievales del Baix Empordà, como Peratallada, Pals y Monells, donde murallas, plazas porticadas y casas de piedra forman conjuntos cuidadosamente preservados.

Figueres atrae especialmente por el Teatro-Museo Dalí, concebido por el propio artista dentro del antiguo teatro municipal. Más hacia la costa, Cadaqués y el parque natural del Cap de Creus ofrecen pueblos blancos, calas y paisajes rocosos modelados por la tramontana. Quienes prefieran naturaleza de montaña pueden dirigirse al parque natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa, con rutas por volcanes y hayedos próximos a Olot. Estas excursiones convierten Girona en una base excelente para un viaje de arte, pueblos medievales, lagos, volcanes y costa mediterránea.


