La ciudad de Alicante se despliega entre el monte Benacantil y una bahía mediterránea que acompaña al viajero desde los primeros pasos. Sobre la cima, a 166 metros de altitud, el castillo de Santa Bárbara domina tejados, puerto y playas; abajo, las palmeras y el pavimento ondulante de la Explanada de España prolongan la ciudad hasta el mar. Esta relación entre altura y litoral determina el paisaje alicantino y permite contemplar un mismo destino desde perspectivas completamente diferentes.
Alicante, conocida como Al-Laqant durante el periodo islámico, es una ciudad que pasó a manos cristianas en el siglo XIII y adquirió una creciente importancia defensiva y comercial. Su puerto favoreció el intercambio de mercancías y la expansión urbana, aunque también sufrió guerras, bombardeos y transformaciones que dejaron huellas en sus murallas y edificios.

Hoy es la capital de una provincia homónima, estrechamente asociada al turismo, pero, que conserva barrios tradicionales, mercados, museos arqueológicos y monumentos que permiten ir más allá de sus playas.
En este artículo, vamos a viajar a esta ciudad y descrubrir qué ver en Alicante, una ciudad luminosa que puede recorrerse combinando patrimonio, paseos marítimos y baños en el Mediterráneo. La ruta ascenderá al castillo de Santa Bárbara, bajará por la Ereta y el barrio de Santa Cruz, atravesará el casco antiguo y continuará por la Explanada, el puerto y el Postiguet.
El castillo de Santa Bárbara y el monte Benacantil

El castillo de Santa Bárbara domina Alicante desde la cima del monte Benacantil. Su posición permitía controlar la bahía y explica que distintas culturas utilizaran este punto estratégico, aunque buena parte de las estructuras conservadas procede de las épocas medieval y moderna. La fortaleza debe su nombre a la festividad de Santa Bárbara, celebrada el 4 de diciembre, fecha en la que Alfonso X tomó el enclave a los musulmanes en 1248.

La zona superior, conocida como la Torreta, conserva los vestigios más antiguos y ofrece una panorámica extensa sobre la costa. En el recinto intermedio se encuentran el Patio de Armas, el Salón Felipe II, el Cuerpo de Guardia y el baluarte de la Reina, vinculados principalmente a las reformas del siglo XVI. El sector inferior corresponde a ampliaciones posteriores, con exposiciones, dependencias históricas y miradores que permiten dedicar varias horas a la visita.
Se puede subir caminando por los senderos del Benacantil, en transporte público o mediante el ascensor cuyo acceso se encuentra frente a la playa del Postiguet. Una opción atractiva consiste en ascender en ascensor y bajar a pie atravesando el parque de la Ereta. Este espacio escalonado ofrece senderos, vegetación mediterránea y miradores orientados hacia el puerto y el casco histórico.
Santa Cruz y el casco antiguo de Alicante

El barrio de Santa Cruz asciende por la ladera del Benacantil mediante calles estrechas, escaleras y pequeñas plazoletas. Sus casas bajas, pintadas de blanco y azul y decoradas con macetas, componen uno de los rincones más pintorescos de Alicante. Desde la ermita de Santa Cruz y los miradores cercanos se observa el casco urbano, el puerto y una parte del litoral.
En la parte baja aparece la basílica de Santa María, levantada entre los siglos XIV y XVI sobre la antigua mezquita mayor. Se considera el templo más antiguo de Alicante y fusiona una estructura gótica con una fachada barroca ricamente ornamentada. Frente a ella se encuentra el museo de Arte Contemporáneo de Alicante, instalado en la histórica Casa de la Asegurada, con colecciones que incluyen obras de artistas españoles del siglo XX.
La ruta continúa hacia la concatedral de San Nicolás, reconocible por su sobria arquitectura renacentista y la cúpula azul que sobresale sobre los tejados. Muy cerca se encuentra el Ayuntamiento, un edificio barroco del siglo XVIII cuya escalinata alberga la denominada Cota Cero, referencia tradicional para medir la altitud sobre el nivel del mar en España. Las plazas de Santísima Faz y del Portal de Elche enlazan este núcleo monumental con las calles comerciales.
La Explanada de España, el puerto y el Postiguet
La Explanada de España es el paseo más representativo de Alicante. Discurre paralela al puerto bajo varias filas de palmeras y está pavimentada con millones de pequeñas teselas de mármol que forman un mosaico ondulante en colores rojo, crema y negro. Su diseño reproduce visualmente el movimiento del Mediterráneo y transforma un sencillo recorrido urbano en una imagen reconocible.
En uno de sus extremos se levanta la Casa Carbonell, construida durante la década de 1920 y reconocible por sus cúpulas y su fachada clara frente al mar. Al otro lado se extiende la zona portuaria, con embarcaciones deportivas, espacios de ocio y una perspectiva completa del castillo sobre el Benacantil. El paseo puede prolongarse hacia el parque de Canalejas, donde los grandes ficus proporcionan sombra, o dirigirse hacia la plaza de Gabriel Miró, un espacio tranquilo con árboles centenarios.

La playa del Postiguet comienza prácticamente junto al casco histórico, convirtiéndose en uno de los arenales urbanos más accesibles de la costa española. Desde la arena se contempla el castillo y se entiende la proximidad entre ciudad, montaña y mar. Quienes busquen playas más extensas pueden desplazarse a la de San Juan, comunicada con el centro mediante transporte público, o conocer la Albufereta, relacionada con los orígenes antiguos de Alicante.
El MARQ, el Mercado Central y los espacios culturales
El Museo Arqueológico Provincial de Alicante, conocido como MARQ, presenta la historia del territorio mediante un enfoque moderno y accesible. Sus salas permanentes recorren la Prehistoria, la cultura ibérica, el mundo romano, la Edad Media y las etapas moderna y contemporánea. Además de exhibir objetos, explica cómo trabajan los arqueólogos en cuevas, yacimientos urbanos y excavaciones subacuáticas. Esta perspectiva convierte la visita en una magnífica preparación para conocer enclaves provinciales como Lucentum, la Illeta dels Banyets o los distintos castillos medievales.
El Mercado Central ocupa un edificio de comienzos del siglo XX cubierto por una característica cúpula. En sus puestos se venden frutas, verduras, pescados, carnes, salazones y productos empleados en la cocina mediterránea. La visita permite conocer ingredientes relacionados con sus arroces y observar el movimiento cotidiano del centro. Junto a la escalinata exterior, la plaza del 25 de Mayo recuerda a las víctimas del bombardeo sufrido por la ciudad en esa fecha de 1938, uno de los episodios más dolorosos de la Guerra Civil en Alicante.
No muy lejos se encuentran la antigua fábrica de tabacos de Las Cigarreras, convertida en centro cultural, y el peculiar refugio antiaéreo de la plaza de Séneca, integrado en una ruta dedicada a la memoria histórica. El Museo de Fogueres explica la fiesta de las Hogueras de San Juan mediante ninots indultados, fotografías, indumentaria y documentos. Cada mes de junio, enormes monumentos efímeros ocupan las calles antes de arder durante la Cremà.
Lucentum, la Albufereta y el cabo de la Huerta
El yacimiento arqueológico de Lucentum conserva los restos de la ciudad romana considerada antecedente directo de Alicante, encontrándose en el Tossal de Manises, cerca de la Albufereta. Aunque sus dimensiones son moderadas, la visita resulta muy didáctica porque ayuda a imaginar cómo se organizaba una población romana situada en un enclave estratégico para el comercio mediterráneo.

Después del recorrido arqueológico puede bajarse hasta la playa de la Albufereta, una ensenada protegida y de aguas generalmente tranquilas. Hacia el norte comienza el cabo de la Huerta, donde pequeñas calas rocosas ofrecen un paisaje diferente al de los grandes arenales urbanos. La Almadraba, Cantalares y la cala de los Judíos son algunos de los puntos conocidos de este tramo litoral.
Tabarca y otros lugares que visitar cerca de Alicante

La isla de Tabarca es la excursión más característica desde Alicante, situada frente al cabo de Santa Pola, siendo la única isla habitada de la Comunitat Valenciana. Su núcleo amurallado fue planificado en el siglo XVIII para alojar a familias de origen genovés rescatadas del cautiverio en la isla tunecina de Tabarka. Las puertas monumentales, la iglesia de San Pedro y San Pablo y la casa del Gobernador recuerdan aquel proyecto defensivo y colonizador.
Fuera del recinto se extiende un territorio casi llano, con calas, pequeñas playas y senderos que conducen al faro y a la torre de San José. Las aguas circundantes forman parte de una reserva marina creada por su riqueza biológica, lo que convierte el baño y el snorkel en actividades muy populares. Eso sí, conviene llevar protección solar, agua y calzado apropiado, además de comprobar el estado del mar antes de embarcar.

En tierra firme, Elche permite visitar el Palmeral, reconocido como Patrimonio Mundial, el Huerto del Cura y la basílica de Santa María, vinculada a las representaciones del Misteri d’Elx. Hacia el interior, Busot alberga las cuevas del Canelobre, una gran cavidad abierta dentro de la sierra del Cabeçó d’Or. También se puede recorrer Villajoyosa, conocida por sus casas de colores, su tradición chocolatera y su frente marítimo. Cada una de estas excursiones amplía la imagen de Alicante mediante paisajes y manifestaciones culturales muy diferentes, accesibles durante una jornada desde la capital.


